Farmacología aplicada, clínica y terapéutica

Gilberto Castañeda Hernández *

Nuestro país es uno de los 15 mercados de medicamentos más grandes del mundo; por lo tanto, el estudio de los efectos de los medicamentos en nuestra población y, sobre todo su optimización, representa una enorme oportunidad para el farmacólogo.

Introducción

La principal misión de la farmacología es dar las bases científicas para la generación de medicamentos. Desde los inicios de la humanidad, el hombre ha buscado remedios para curar los males que lo aquejan en su existencia. Durante milenios, estos remedios se obtuvieron de manera puramente empírica, es decir, mediante la observación y el aprendizaje por ensayo y error. El empirismo permitió obtener gran cantidad de remedios efectivos. La mayoría de ellos eran de origen vegetal, pero también había preparaciones animales y minerales. Algunos de estos remedios milenarios, como la tila, la manzanilla y el bicarbonato de sodio, se siguen utilizando hasta nuestros días. En el siglo XIX los avances en la química permitieron identificar y aislar muchas de las sustancias activas presentes en los productos naturales. Uno de los casos más conocidos es el aislamiento de la morfina, agente activo del opio. Por otro lado, la química de síntesis logró la obtención de medicamentos más seguros y eficaces mediante transformación de sustancias de origen natural. Tal es el caso de la aspirina o ácido acetilsalicílico. La aspirina se obtiene mediante la acetilación del ácido salicílico, que a su vez se obtiene del sauce blanco. El ácido salicílico es un efectivo agente analgésico; sin embargo, es muy irritante para el estómago y tiene muy mal sabor. En cambio, el ácido acetilsalicílico, que presenta una actividad analgésica comparable al ácido salicílico, tiene mejor sabor e irrita el estómago en menor grado, por lo que es mejor tolerado.

En el siglo XX los avances en fisiología y bioquímica permitieron comenzar a entender cómo funciona el organismo, así como las células que lo constituyen. Se descubrieron los mediadores químicos: sustancias que transportan información dentro del cuerpo y que son el sistema de comunicación entre células. Los mediadores químicos incluyen hormonas, neurotransmisores y autacoides. Así se empiezan a identificar enfermedades debidas a la falta o al exceso de un determinado mediador. Por ejemplo, la diabetes, que se debe a una falta de insulina, y el hipertiroidismo, que se debe a un exceso de hormonas tiroideas. De esta forma, gracias a la química sintética se comienzan a diseñar sustancias nuevas que mimetizan o bloquean los efectos de los mediadores químicos del cuerpo para curar enfermedades. Es así es como surge la farmacología.

La farmacología permite un diseño racional de medicamentos, que es mucho más efectivo que el empirismo. Es una ciencia eminentemente integrativa; se nutre de la química, la fisicoquímica y de todas las ciencias biológicas, desde el nivel molecular hasta el organismo íntegro. La farmacología permite entonces identificar y entender cuáles son los blancos moleculares potenciales para ser atacados por un fármaco, con el fin de lograr curar una cierta enfermedad. La farmacología usa, por lo tanto, la información proveniente de la ciencia básica para aplicarla en la generación de medicamentos.

Farmacología aplicada, clínica y terapéutica

En el ámbito de la farmacología, como ciencia que nos lleva a la generación de medicamentos, podemos distinguir entre farmacología aplicada, farmacología clínica y terapéutica.

La farmacología aplicada puede ser definida como el acto de dirigir los conocimientos obtenidos en investigación básica hacia un fin determinado; la farmacología clínica es el estudio de los efectos de los medicamentos en el ser humano, y la terapéutica es el acto de curar con medicamentos.

Veamos un ejemplo para que estos conceptos queden claros. La ciencia básica lleva al descubrimiento de la enzima ciclo-oxigenasa, que produce prostaglandinas, involucradas en la amplificación de un estímulo doloroso. La farmacología aplicada se aboca entonces a generar sustancias químicas llamadas fármacos, que inhiban a la ciclo-oxigenasa. De esta manera, al administrar el fármaco inhibidor se producen menos prostaglandinas y se logra un efecto analgésico al disminuir la amplificación del dolor.

Una vez que se tiene esta sustancia -el fármaco- y que se ha probado su eficacia en modelos moleculares, celulares y animales, se procede a estudiar sus efectos en el hombre. Éste es el ámbito de la farmacología clínica. Así se logra determinar qué dosis del fármaco es eficaz y segura; es decir, quita el dolor sin causar daño. Se determinan los efectos benéficos y riesgosos que pueda tener ese fármaco según el sexo, la edad, el origen étnico, el estado de salud y otras variables que presente el paciente a tratar. Se determina también la farmacocinética; es decir, cómo entra el fármaco al organismo, a qué órganos se distribuye y cómo se elimina. Se diseña así la mejor formulación farmacéutica para ese fármaco en particular (tableta, cápsula, solución, inyección, parche, supositorio, etcétera) según la enfermedad a tratar y las características del paciente. La farmacología clínica da las bases científicas para que la autoridad sanitaria pueda autorizar el uso de ese fármaco como medicamento efectivo y seguro.

La terapéutica es el acto de curar con medicamentos; es decir, con su uso rutinario. Durante el uso cotidiano de un cierto medicamento va surgiendo información que antes no se tenía: aparecen interacciones con otros fármacos y con alimentos; se detectan pacientes que pueden requerir dosis diferentes o que, incluso, no lo toleran, y se encuentran nuevas indicaciones. Es decir, que el medicamento puede servir para curar otras enfermedades diferentes a sus objetivos iniciales. Además, durante el uso de un medicamento en terapéutica se genera información en farmacoepidemiología, farmacovigilancia y farmacoeconomía. De manera muy sucinta, podemos definirlas de la siguiente forma. La farmacoepidemiología es estudiar los efectos de los medicamentos en diferentes poblaciones. La farmacovigilancia es estudiar las reacciones adversas de los medicamentos y sus causas. La farmacoeconomía es estudiar los impactos económicos del uso de medicamentos. Estas tres disciplinas buscan optimizar el uso de los medicamentos en el ámbito social.