El ritual de disfrutar una taza de café por la mañana es una experiencia que va más allá de simplemente satisfacer la necesidad de cafeína. Para muchos es un momento sagrado, un inicio que marca el comienzo de un nuevo día con una dosis de calidez y energía. El café no solo es una bebida, es un momento de pausa en la carrera diaria.
Pero más allá de sus cualidades sensoriales y de ser una deliciosa bebida matutina, el café ofrece una serie de beneficios para la salud que han sido respaldados por numerosos estudios científicos. Las moléculas del café tienen múltiples efectos farmacológicos y fisiológicos en diferentes órganos y sistemas, incluidos el sistema cardiovascular, respiratorio, renal y en el músculo liso, así como efectos sobre el estado de ánimo, la memoria, el estado de alerta y el rendimiento físico y cognitivo. Además, se ha relacionado con el aumento en el metabolismo, por lo que puede ayudar con la pérdida de peso.
Asimismo, el consumo de café se asocia con varios efectos positivos sobre las principales enfermedades hepáticas (Fig. 1) a través de mecanismos antioxidantes, inmunomoduladores, antiinflamatorios y antifibróticos.

¿Por qué es importante la salud hepática?
El hígado, después del cerebro, es el órgano que realiza más funciones en el cuerpo; es uno de los órganos más complejos y participa en diversos procesos metabólicos. Por ejemplo, el hígado es indispensable para mantener los niveles de glucosa en la sangre. Los hepatocitos, que son las células más abundantes del hígado, también almacenan triglicéridos; degradan ácidos grasos para generar energía; sintetizan lipoproteínas que transportan ácidos grasos, triglicéridos y colesterol hacia las células del organismo; sintetizan colesterol, y lo usan para formar sales biliares; sintetizan proteínas transportadoras de esteroides y de otras hormonas en el plasma y algunas más corresponden a factores de coagulación. La bilirrubina, que deriva del grupo hemo de los eritrocitos viejos, es captada por el hígado desde la sangre y se secreta en la bilis; el órgano almacena glucógeno, algunas vitaminas y minerales.
En resumen, el hígado procesa prácticamente todo lo que comemos, bebemos y respiramos y juega un papel importante en la digestión, en el metabolismo del azúcar y las grasas, e incluso en el sistema inmunitario.
Sin embargo, debido a su proximidad anatómica al tracto digestivo, su flujo sanguíneo y su contribución al proceso de desintoxicación, el hígado es susceptible a una amplia variedad de trastornos. Las enfermedades hepáticas pueden ser causadas por el consumo recurrente de alcohol, las infecciones virales, la malnutrición y la exposición a drogas o sustancias tóxicas, lo que resulta en una alta frecuencia de pacientes con enfermedades hepáticas y el consiguiente aumento en el número de muertes por estas enfermedades, para las cuales aún no se dispone de tratamientos adecuados. Por ello es obligatoria la búsqueda de nuevas alternativas para tratar estas afecciones hepáticas.
¿Cómo se origina y qué ocurre durante el daño hepático?
Cuando se produce daño al hígado, los hepatocitos son las células más susceptibles y las primeras en resultar dañadas. Dentro del metabolismo de la mayoría de las sustancias que afectan al hígado, se liberan especies reactivas de oxígeno que atacan las membranas celulares, provocando estrés oxidativo y peroxidación lipídica, lo que induce la muerte celular liberando enzimas de daño hepático a la sangre. Los hepatocitos lesionados atraen a las células de defensa del organismo, las cuales activan o producen moléculas proinflamatorias y profibrogénicas para solucionar el daño y cicatrizar la herida en el hígado. Algunas de las moléculas liberadas son el factor de crecimiento transformante β (TGF-β), el factor de necrosis tumoral α (TNF-α), el factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGF), el factor de crecimiento del tejido conectivo (CTGF) e interleucinas (ILs) (Fig. 2).

Como se mencionó, estas sustancias son liberadas con la finalidad de solucionar el daño. Sin embargo, si éste es constante y persiste mucho tiempo, las células estelares hepáticas (HSC), que son las encargadas de crear la matriz extracelular (MEC) o la cicatriz, producen un exceso de MEC, lo que provoca una condición llamada fibrosis hepática, haciendo que la sangre no fluya adecuadamente por el órgano provocando aún más daño. Las HSC activadas expresan marcadores como la α-actina del músculo liso (α-SMA) y más mediadores inflamatorios como ILs, TNF-α, factor nuclear κB (NF-κB) y TGF-β, que en conjunto regulan las respuestas inflamatorias y fibróticas en el hígado (Fig. 2).
La fibrosis puede progresar a cirrosis, que altera la función hepática y eventualmente conduce al carcinoma hepatocelular (CHC) con la posterior muerte del paciente.
¿Qué es lo que tiene el café y cómo combate a las enfermedades hepáticas?
El café es una mezcla de varias moléculas, incluidos lípidos, vitaminas, alcaloides, moléculas nitrogenadas y compuestos fenólicos. Los tres principales compuestos presentes en el café son la cafeína, los alcoholes diterpénicos (cafestol y kahweol) y el ácido clorogénico, aunque también destacan compuestos como la trigonelina, las melanoidinas y el ácido nicotínico. Aquí proporcionamos información molecular y clínica sobre el café y algunos de sus compuestos que tienen efectos hepatoprotectores que podrían ser útiles para el tratamiento de los trastornos hepáticos (Fig. 3).

Varios estudios de ciencia básica realizados por nuestro grupo de investigación muestran diferentes mecanismos por los cuales el café y sus componentes protegen al hígado. El café previene la colestasis y la necrosis, según lo medido por las enzimas de daño hepático; además, disminuye la deposición de colágeno en un modelo de fibrosis hepática en rata, causada por la administración crónica de tioacetamida (TAA) (una sustancia tóxica para el hígado). Curiosamente, el café disminuye la expresión de citocinas profibrogénicas como TGF-β y CTGF y previene la activación de las HSC. El café disminuye la expresión de ARNm de α-SMA y de colágeno-1, componente de la MEC (Fig. 3).
En otro estudio, se demostró que el café previene la formación de los mediadores moleculares TGF-β, α-SMA, CTGF e IL-10 producida por la administración crónica de tetracloruro de carbono (CCl4), otro hepatotóxico. Estos mediadores están implicados en la fibrosis y la cirrosis hepática. Además, se ha informado que el café es un inductor de la aldo-ceto reductasa, la hemo oxigenasa-1 y la glutatión-S-transferasa P1, que son enzimas involucradas en el proceso de desintoxicación (Fig. 3).
Se obtuvieron resultados similares en un modelo murino de fibrosis hepática donde se investigó el efecto hepatoprotector del ácido nicotínico, uno de los compuestos del café; el ácido nicotínico fue capaz de prevenir la fibrosis experimental mediante mecanismos asociados a su capacidad antioxidante y a una reducción en la expresión de TGF-β (Fig. 3).
La cafeína, el compuesto más abundante en el café, actúa directamente retrasando la fibrosis, mejorando así la función de las vías celulares del hígado e interfiriendo con las vías utilizadas por el virus de la hepatitis C (VHC) para su replicación.
Se informa que la cafeína activa genes que codifican para enzimas desintoxicantes de fase II y proteínas antioxidantes; también la cafeína atenúa el proceso de daño a las membranas celulares conocido como peroxidación lipídica, preserva los niveles de glutatión reducido, que es el principal antioxidante endógeno, y modula la actividad de enzimas antioxidantes como la superóxido dismutasa, la glutatión peroxidasa y la catalasa (Fig. 3).
Las propiedades hepatoprotectoras de la cafeína se han observado en diferentes modelos experimentales de daño hepático, como la ligadura del conducto biliar común y la administración de CCl4, en los que este alcaloide ejerció importantes efectos antioxidantes, antiinflamatorios, anticolestáticos y antifibróticos. Se ha informado que el consumo de cafeína en humanos y animales está asociado con una reducción del daño hepático, y el consumo regular de cafeína en el café puede atenuar significativamente la fibrosis hepática en pacientes con esteatosis hepática (Fig. 3).
En otro estudio de nuestro grupo de investigación que tuvo como objetivo explorar el potencial efecto hepatoprotector de la cafeína en un modelo experimental de esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), y dilucidar los mecanismos moleculares implicados en esta protección, la cafeína previno el desarrollo de fibrosis hepática al atenuar las vías de señalización profibrogénicas de TGF-β y de las proteínas quinasas activadas por mitógenos en un modelo experimental de daño hepático inducido por una dieta alta en grasas y en un modelo de TAA.
En el área clínica, el consumo de café se asocia con un menor riesgo de progresión de fibrosis hepática, cirrosis o CHC en pacientes con infección por el VHC o con enfermedad de hígado graso no alcohólico (EHGNA) y se relaciona con niveles más bajos de enzimas hepáticas. Además, se ha demostrado que la ingesta de café de más de dos tazas por día en pacientes con enfermedad hepática preexistente se asocia con una menor incidencia de fibrosis y cirrosis y tasas más bajas de CHC.
Una investigación, que tuvo como objetivo estudiar los efectos del café sobre el riesgo de desarrollar CHC, confirmó que el consumo de café redujo significativamente el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer. Se sabe que el consumo de café se asocia con una reducción de la fibrosis hepática en pacientes con enfermedades hepáticas crónicas como la hepatitis C y se asocia con una reducción significativa del riesgo de padecer fibrosis en pacientes con la EHNA.
Otro estudio que tuvo como objetivo analizar el impacto de la ingesta de café y el consumo de alcohol en la fibrosis hepática avanzada, destacó que el consumo elevado de café se asocia con un bajo riesgo de desarrollar fibrosis hepática, incluso en pacientes coinfectados con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el VHC y con el consumo de alcohol de alto riesgo. Otra investigación demostró que el consumo de niveles elevados de café (tres o más tazas al día) reduce a la mitad el riesgo de mortalidad por todas las causas en pacientes coinfectados con VIH y VHC.
En particular, el café demuestra actividad lipolítica, lo que contribuye a la reducción de la esteatosis hepática en pacientes con la EHGNA. Además, se demostró que el consumo de café disminuyó la fibrosis del hígado en pacientes con EHGNA, la hepatitis C y la hepatitis B, y se observó que las personas con un nivel de consumo de café superior a tres tazas tenían menos riesgo de desarrollar la EHGNA.
Conclusión
El café parece una alternativa o ayuda prometedora para el tratamiento de enfermedades hepáticas, debido a sus propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, antifibróticas, antivirales y anticancerígenas (Fig. 4). Así, es necesario seguir estudiando tanto el café como sus compuestos para dilucidar sus mecanismos de acción que ayudan a mantener un hígado saludable.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que estos beneficios se refieren al consumo constante, prolongado y moderado de café, generalmente definido como de 3 a 4 tazas al día y sin azúcar. El exceso de cafeína puede tener efectos negativos, como nerviosismo, insomnio y palpitaciones, entre otros. Como con cualquier aspecto de la dieta, es recomendable disfrutar del café con moderación para maximizar sus beneficios para la salud.
Si desea conocer más información del tema y de otros compuestos naturales que tienen beneficios para la salud del hígado les recomendamos los siguientes artículos:
Muriel, P., Ramos-Tovar, E. (2022). El lado amargo del azúcar. Revista Avance y Perspectiva, 4(7), 1-5. https://avanceyperspectiva.cinvestav.mx/el-lado-amargo-del-azucar/
Muriel, P., Vargas-Pozada, E. E., Cardoso-Lezama, I., Ramos-Tovar, E. (2023). Entendiendo a la enfermedad de hígado graso no alcohólica: Un peso corporal saludable no es sinónimo de un hígado sano. Revista Avance y Perspectiva, 1(9), 1-5. https://avanceyperspectiva.cinvestav.mx/entendiendo-a-la-enfermedad-de-higado-graso-no-alcoholica-un-peso-corporal-saludable-no-es-sinonimo-de-un-higado-sano/
Vargas-Pozada, E. E., & Muriel, P. (2020). Herbal medicines for the liver: from bench to bedside. European Journal of Gastroenterology & Hepatology, 32(2), 148–158. https://doi.org/10.1097/MEG.0000000000001485
Vargas-Pozada, E. E., Ramos-Tovar, E., Acero-Hernández, C., Cardoso-Lezama, I., Galindo-Gómez, S., Tsutsumi, V., & Muriel, P. (2022). Caffeine mitigates experimental nonalcoholic steatohepatitis and the progression of thioacetamide-induced liver fibrosis by blocking the MAPK and TGF-β/Smad3 signaling pathways. Annals of Hepatology, 27(2), 100671. https://doi.org/10.1016/j.aohep.2022.100671
Vargas-Pozada, E. E., Ramos-Tovar, E., Rodriguez-Callejas, J. D., Cardoso-Lezama, I., Galindo-Gómez, S., Talamás-Lara, D., Vásquez-Garzón, V. R., Arellanes-Robledo, J., Tsutsumi, V., Villa-Treviño, S., & Muriel, P. (2022). Caffeine inhibits NLRP3 inflammasome activation by downregulating TLR4/MAPK/NF-κB signaling pathway in an experimental NASH model. International Journal of Molecular Sciences, 23(17), 9954. https://doi.org/10.3390/ijms23179954
Muriel, P., & Arauz, J. (2010). Coffee and liver diseases. Fitoterapia, 81(5), 297–305. https://doi.org/10.1016/j.fitote.2009.10.003
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